Una fecha para recordar lo que debe ser regla cotidiana


 

Alicia Piña

Asociada a APEP

Un año más, concluye el mes de enero con una celebración afortunada, cargada de significación, que debería imprimir y renovar un compromiso para con la ciudadanía y la protección de la privacidad, cuya difusión va de suyo entre las facetas inherentes a los profesionales vinculados a esta materia: “El Día de la Protección de Datos en Europa”.

Es una obviedad, no obstante, que la precitada afirmación se erige en desiderátum para la que suscribe, por cuanto queda todavía un largo camino por recorrer en ese sentido. Y es que, entre todos, ha de contribuirse a “promover el conocimiento entre los ciudadanos acerca de cuáles son sus derechos y responsabilidades en materia de protección de datos”, como acierta a reseñar la Agencia Española de Protección de Datos, al referirse al objetivo de esta fecha conmemorativa en toda Europa (28 de enero).

En todo caso, los profesionales no deberíamos perder de vista que el compromiso referido constituye un deber del que, quienes humildemente trabajamos por la defensa de la privacidad, ya no podemos despojarnos, una vez asumido -en nuestro quehacer diario y modo de enfocar la realidad cotidiana- que el derecho a la protección de datos de carácter personal es un derecho elemental  en la vida de cualquier ciudadano.

Ahora bien; no todos los ciudadanos somos “igualmente” vulnerables, siendo así que, entre otros colectivos, los menores deben ser objeto de una protección reforzada o especial, en consideración al superior interés de éstos, tal y como refrendan normas internacionales y otras que emanan directamente de nuestro Legislador; entre éstas, mención especial a tal principio-deber de ponderación pro-derechos del niño, merece el artículo 4.1 Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor. Los tratados internacionales, como normas integradas en nuestro Ordenamiento Jurídico ex artículo 96.1 de la Constitución Española (v.gr., “Convención sobre los Derechos del Niño”; ONU, 20.11.1989).

Es por lo anterior que, desde la Asociación Profesional Española de la Privacidad, la Comisión de Menores de la APEP trabaja con mirada puesta en los efectivos y potenciales riesgos que, con frecuencia, anegan el día de día de menores que -en su mayoría- todavía no conocen qué tipo de recursos tienen a su disposición para enfrentarse a continuos retos, en forma de amenazas que se cruzan en su vida cada día. Se parte de que es posible ayudarles a comprender que deben y pueden superar hábitos potencialmente funestos como el oversharing; prevenir o saber cómo reaccionar ante coacciones que provengan del mundo virtual (cyberbulling, grooming); identificar cuándo no deben facilitar sus datos personales a según qué requirentes de información y en qué ocasiones deberán disponer del permiso del titular de datos ajenos, para compartirlos…

En definitiva; es claro que la Sociedad de la Información reta, pero no sólo a los profesionales inmersos en la defensa y promoción del valor fundamental del “dato personal”, sino -y nunca en mayor medida que en estos últimos tiempos, en los que el progreso tecnológico se antoja imparable…- a padres y educadores. Hoy, ya no basta con enseñarles a actuar de un modo responsable y respetuoso para con sus compañeros de cole o el maestro. Ahora, las impertinencias y/o la falta de consideración reveladas en el mundo real (inmediato, de las relaciones interpersonales directas), han dado paso a conductas, en la mayoría de los casos, latentes y, por ello, imperceptibles para los adultos, que se manifiestan casi exclusivamente a través de dispositivos electrónicos (smartphones, tabletas, pc, etc).

Watch out! (como diría un anglosajón), ¡Ojo!…Atención, en definitiva. Las TIC representan el progreso y, con ello, la evolución, la presencia de mejoras en nuestra vida y en la de los menores, siempre y cuando éstos y la Sociedad (asociaciones de profesionales, padres, educadores y Autoridades) sumemos esfuerzos en pro de un objetivo encomiable.

Aún a riesgo de resultar en excesito iterativa, insisto en cuál debe ser la misión de TODOS: promover el conocimiento entre los ciudadanos acerca de cuáles son sus derechos y responsabilidades en materia de protección de datos; pero, no sólo hoy, día 28 de enero, sino a cada minuto de cada jornada. Nuestro derecho irrenunciable a disponer de vida privada y a decidir cómo gestionar nuestra identidad, se verá recompensada. No lo dudéis