Javier Puyol: El proyecto de Reglamento Comunitario de Protección de Datos de Carácter Personal es algo más que una nueva norma


 

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Día Europeo de Protección de Datos 2016

Monográfico de la Asociación Profesional Española de Privacidad

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Javier Puyol

Socio de Ecix Group

Miembro del Consejo Asesor de APEP

 

Ante la perspectiva de su próxima aprobación, cabe afirmar que la aprobación del nuevo Reglamento Comunitario en materia de Protección de Datos, constituye uno de los más importantes procesos legislativos llevados a cabo en la historia jurídica de la Unión Europea. Su periplo legislativo hasta su entrada en vigor, representa un hecho ciertamente singular, novedoso, y que hace referencia al desplazamiento de una ley orgánica española, que de facto queda sin efecto, por una ley europea que regula un derecho fundamental como es “el habeas data”. Y todo ello, sobre la base de la nueva normativa que se caracteriza por su aplicabilidad directa, no encontrándose, consecuentemente con ello, necesitada de transposición legislativa nacional, y que en definitiva, supone que sean los propios ciudadanos los que puedan invocar la aplicabilidad esta norma directamente ante cualquier Juzgado o Tribunal.

Son numerosos y ambiciosos los objetivos que por medio de esta nueva regulación se proponen, los cuales pasan por establecer un régimen jurídico homogéneo entre todos los países miembros de la Unión Europea en lo que se refiere a la protección de datos de carácter personal, y la libre circulación de los datos en dicho ámbito territorial, con las implicaciones económicas, jurídicas, y sociales que lleva naturalmente ello lleva consigo.

Constituye, asimismo, un hecho a tener en consideración que el nuevo Reglamento Comunitario, nace en un momento de profundos cambios y transformaciones tecnológicas, que impactan directamente en los usos y costumbres de los ciudadanos, de las sociedades en las cuales estos se integran, y consecuentemente con ello, la regulación tiene que saber adaptarse de manera inteligente y práctica a estos poderosos condicionamientos evolutivos.

Es cierto, por ello, que en ese momento no es deseable que la regulación  descienda demasiado a los detalles en su afán controlador, que peque por ser excesivamente concreta en su carácter positivo, sino que por el contrario, es preferible optar por una normativa basada en sólidos principios y garantías, que cumpla la doble función de garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, y al mismo tiempo, no constituya un lastre para el desarrollo económico y tecnológico de las empresas y de las sociedades. En este sentido, es necesario tener en cuenta que el concepto de privacidad ha cambiado, pero también no puede pasarse por alto, que cada día es mayor la necesidad que todos tenemos de la tecnología en el día a día.

Estas nuevas sensibilidades, no pueden ser ajenas a la nueva legislación en materia de protección de datos. Por ello, no puede obviarse el hecho de que en la actualidad la tecnología se hace cada día más intrusiva, dominante y arrogante, y genera una sensación de pérdida de control de nuestras vidas, y a contrario sensu, las personas siguen siendo analógicas, no digitales, biológicas, no mecánicas. Consecuentemente con ello, puede afirmarse, que debe estar más cerca la hora en la que tecnología  esté centrada en el hombre, no el hombre en la tecnología. Por ello las nuevas legislaciones, como la que ahora se va a aprobar, deben poner su énfasis en devolver al hombre el control de la tecnología, preservando al mismo tiempo los valores que le son propios, como es la privacidad.

Es cierto que se tiene la sensación de manera colectiva, que los ciudadanos han sido desposeídos de su intimidad, a consecuencia de un fulgurante desarrollo tecnológico de presente, pero debe tenerse en cuenta que mucho más impactante, será sin duda alguna el de futuro que todavía está por llegar. De ahí la necesidad de poner las barreras adecuadas para que determinados límites no sean traspasados. Ello, en definitiva, nos debe conducir a través de esta nueva normativa a que el ciudadano sea más libre, y tenga unas mayores capacidades para decidir, en cada momento, quien tiene sus datos de carácter personal, como van a ser utilizados los mismos, y finalmente, quien los va a conocer.

Ante esta situación, y para proteger estos derechos, se vislumbra que el legislador europeo ha querido imponer una serie de obligaciones al conjunto de operadores jurídicos que intervienen en la protección de datos de carácter personal, pero tales obligaciones han de hacerse extensivas a la sociedad y a sus instituciones, a los individuos que la componen y desde luego a las empresas.

Las consecuencias jurídicas y la carga moral que conlleva esta nueva regulación, transciende al carácter imperativo de sus propias disposiciones, pues todos estamos llamados a una nueva cultura del respeto a la privacidad del ciudadano, esté o no basado este respeto en causas tecnológicas.

Uno de los principales aspectos que llama poderosamente la atención de este nuevo Reglamento es la institución denominada “accountability”, la cual se ha vinculado con la responsabilidad social corporativa de las empresas y de cualquier operador jurídico que traté datos de terceros. Sin embargo, esta modesta reflexión, pretende llamar la atención, entre otras cuestiones, con relación a las obligaciones que nacen precisamente de la “accountability”, en el sentido de que la misma se constituye ya más como una obligación propia de una cultura avanzada, que incluso como una norma jurídica, y que determina que en todos los ámbitos sociales, exista regulación o no, se debe respetar la privacidad de las personas en cada momento, y en cada lugar.

Este tipo de normas jurídicas, han de convertirse en nuevas costumbres para los ciudadanos y de las sociedades en el sentido propio de este término, y este cambio, sí que es más trascendente que la mera aprobación de una nueva normativa jurídica, constituye un cambio social y cultural, que exige un esfuerzo a todos y para todos. Los valores que están en juego hacen referencia a la libertad, frente a la dominación de la técnica, y el imperio de las máquinas. Si respetamos la privacidad como un valor de cultura seremos libres, en otro caso seremos esclavos de la modernidad.

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Javier Puyol

Socio de Ecix Group

Miembro del Consejo Asesor de APEP

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