Somos el futuro


 

Me permitiré la licencia de no abordar estas líneas como un ensayo jurídico ni técnico, simplemente como una breve reflexión basada en las sensaciones que percibe y transmite  quien suscribe esta declaración de esperanza.

He tenido en innumerables ocasiones la tentación de sentir soledad profesional, de pensar y creer que se trataba de una lucha quijotesca, en la que yo era el pobre Alonso Quijano provisto de una minúscula lanza, contra unos molinos que me vencían en número y fuerza, he sentido impotencia al considerarme desoído o, lo que era más grave, al no tener con quien hablar, me he inundado de perplejidad  al contrastar instrucciones contradictorias dependiendo a que fuente acudiese, incluso en ocasiones me preguntaba si era invisible para determinados ojos, y todo ello por desear hacer lo que me gusta y que además considero que es bueno para mis congéneres : trabajar y velar por el cumplimiento de las normas del juego.

Con todo ello, podría sentir desanimo y desesperanza, o lo que es peor, la tentación de desarrollar una tarea impersonal y gris, el conformismo de quien tira la toalla hastiado de encontrar siempre la misma e incomprensible alambrada, pero por fortuna, luce la siguiente frase en una de las paredes de mi despacho : “ nuestra mayor virtud no es caer nunca, si no levantarse siempre después de una caída”, y a ello me aferro y consigo vencer todas las tentaciones, porque aunque quieran que seamos invisibles, no escuchen nuestras voces y permitan que las reglas sean desiguales, cada mañana cuando decido qué voy a ser , me repito : ¡¡somos el futuro!!, y sí, es así, lo somos, somos quienes perciben día a día la realidad, quienes escuchan las preocupaciones no sólo de las grandes corporaciones, sino también de los profesionales responsables que entienden la privacidad como un elemento regulador de su negocio y actividad, somos quienes ingenian y construyen soluciones basadas en las buenas prácticas y en la cultura del respeto, somos el difícil equilibrio en una partida en la que no se han repartido las mismas cartas a todos los jugadores.

Quiero ver la botella medio llena y pensar que nuestra posición nos convierte en el futuro, en la esperanza de los que quieran creer en un sistema equitativo, en la fuerza de la unión y la suma de los esfuerzos desinteresados, que las vicisitudes que nos surgen no amainarán y que nadie vendrá a regalarnos una cómoda posición en el escenario de la privacidad, pero sin embargo nuestro tesón, nuestra constancia y sobre todo nuestro espíritu colectivo basado en las razones expuestas,  nos llevarán a ser el futuro, que el futuro está muy cerca y debemos permanecer firmes en el presente; por todo ello, permitámonos el placer de sentir que nuestra misión forma parte de un dialogo imprescindible y nos conduce a un esperanzador futuro.

Mi sincera enhorabuena para todos los profesionales que así lo sientan.

Fernando Andreu Royo